¿Y a ti?

Te miro así, como de soslayo,
e imagino que no me piensas,
que no me amas, que no me miras.
Te miro a hurtadillas porque
aún amándote te temo
y temiéndote me escondo.

He descubierto de pronto cuánto
me echas de menos
y el por qué de tus tristes silencios:
también me temes porque me amas,
pero ha podido más tu orgullo…
y es tan triste como la lágrima de un niño.

Me miras así, también a hurtadillas,
pensando que no lo sé ni lo sabré nunca.
Me miras porque sigues luchando
cuerpo a cuerpo con tu orgullo herido.
Pobre de ti y pobre de mí, que aún
no sabemos que la muerte existe…

No dejaré de quererte y lo sabes,
pero lo que no sabes es
cuánto me quieres a pesar
de sentirlo en tu pecho,
más que a tu propia carne,
aún más que a tu mismo corazón.

Deberías conocerte un poco…
No como te conozco yo, sino un poco…
para que recuerdes cómo me besabas
y a lo que te sabía mi piel.
Para que recuerdes que nunca
me dijiste “te amo” y por eso huí de tu lado.

Deberías reconocerte en mis labios,
en estos brazos míos en donde suspirabas,
y en aquella complicidad tan nuestra.
Deberías mirarte hacia adentro,
y encontrar que lo que más te duele
es negarte el amor que me has negado.

Te miro de soslayo y reconozco
tu dolor tanto como al mío,
pero no podré jamás mirarte de cerca,
de frente, directo a tus ojos bellos,
para decirte cuánta equivocación
hay en tu huida, en esa negación absurda.

Nos miramos las letras,
las arrugas en la frente y el cabello cano.
Nos miramos deseando descubrirnos
y atrevernos, pero no,
la cobardía y el orgullo
han sido y seguirán más fuertes.

¡Tanta estupidez me enardece!
¿Y a ti?

Ingrid Cavalieri

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