La asombrosa pasividad del venezolano

De verdad preocupante

Me preocupa profundamente la pasividad de mis compatriotas, simpatizantes de Chávez o no, humildes o no tan humildes, profesionales u obreros; la pasividad de este pueblo venezolano que se acostumbró sólo a quejarse.


Me resulta realmente asombrosa. Y cuando escribo pueblo venezolano, me estoy refiriendo a un alto porcentaje, porque claro está que no somos todos los pasivos o indiferentes, claro que existe en esta nación gente valiente, echada para adelante, guerreros con honor que nacieron para morir de pie y que saben que bien vale la pena cualquier sacrificio con tal de no seguir viviendo de rodillas. 

Entre ese pueblo guerrero y valiente se encuentran algunos jóvenes, que con gallardía salen a las calles intentando llegar a la fibra de sus congéneres, a lo más profundo del paisano de a pie, del vecino de enfrente, del amigo de la otra ciudad, que decida también que ya es hora de apoyarnos unos a otros. Lamentablemente no sucede con la fuerza deseada y de nuevo sólo reciben el apoyo de unos pocos venezolanos que siempre han tenido claro que con la lucha es que se logran las metas, por imposibles que estas parezcan. 

Me sorprendo. Me asombro cada día al salir de mi casa y ver las interminables colas de personas, que como autómatas, han seguido al pie de la letra las instrucciones del plan macabro.

Nos encanta quejarnos, pero evadimos la acción

Hablan de lo mal que está todo, de lo que había en el supermercado tal y de la medicina que no se encuentra desde hace tanto tiempo. Hablan de lo que le quitaron los ladrones la semana pasada, de lo desesperados que están ante la inflación que, desorbitada, los obliga a comer menos. Hablan del dolor que sienten al tener que decirles a sus hijos que no hay dinero para comprarles un juguete o un dulce. Hablan de que Maduro no sirve, que esto no se aguanta, y dicen también que esperan que los estudiantes sigan saliendo, que los del cerro se “arrechen”, que la nueva Asamblea Nacional se “ponga las pilas”, pero cuando les digo que podemos organizarnos, como sociedad civil que somos nosotros, TODOS, los que debemos actuar para defendernos de los que se han empeñado en convertirnos en sus esclavos, entonces guardan silencio y miran para otro lado, o me miran a los ojos -los más osados-, pero en su mirada veo el miedo, la indecisión, la desidia. Es el venezolano que (haya o no votado por este nefasto sistema), prefiere hacerse el pendejo.

Continúo mi camino pensando lo asombrosa que es la pasividad del venezolano.

Este es el mismo venezolano que se ha burlado de la altivez del argentino, de la humildad del peruano, de la sencillez del ecuatoriano, del nacionalismo del colombiano. Este venezolano quejumbroso, pasivo y cobardón, es el que calla cuando uno le dice: “ya el resto de América está despertando, porque entendió que el mismo pueblo unido es el que tiene que resolver sus problemas”. Calla y mira para otro lado, como que si no es con él este asunto, como que si el problema no le salpica, como que si lo que le digo es una absoluta expresión de locura.

Excusas y más excusas…

Me asombra y me espanta la pasividad de mi compatriota venezolano, que cuando se trata de encontrar excusas es el rey de la mentira: Que si nos vamos a paro el país se irá a quiebra (¿más?, les pregunto); que si me pasa algo mis hijos quedarán huérfanos (igual podría matarte la delincuencia, o el hambre); que si me agarran preso… (¿habrá tanto espacio para al menos diez millones de venezolanos dignos y valientes?); que no tengo tiempo porque ahora tengo que dedicarme a hacer la cola para compra comida (y justamente eso es lo que quieren los dictadores, mantenerte entretenido; jamás tendrás tiempo y tus nietos no sabrán nunca lo que es vivir en democracia); que mejor se lo dejamos a los políticos (¿y no sería ese nuestro error desde un principio? ¿creer en un pichón de político que nos prometió la felicidad sin esfuerzo alguno?). Y así vamos… Hasta que de nuevo surge el silencio y la mirada esquiva, hacia allá, hacia el otro lado, hacia donde se pierde la dignidad toda.

Me asombra, me indigna, me desespera y me  duele hasta las lágrimas la pasividad del venezolano que piensa que, del más allá o del más acá, llegará un súper héroe a rescatarnos el país y que por arte de magia un día despertaremos y ya habrá producción de alimentos, los delincuentes no existirán y los narco soles estarán todos presos en Estados Unidos.

¡No y no! Me resisto a dejarme dominar por la desidia. No me resignaré a escuchar lamentaciones, ver colas interminables, sentir cómo nos arrebatan el país un grupo de hombres y mujeres sin escrúpulos, sin que yo haga algo. No puedo resignarme y así no debes resignarte tú, que me estás leyendo en estos momentos.

Insistir. Perseverar

Insistiré en escribir hasta que llegue el mensaje, de que solamente en la unión y en la organización está el poder para lograr de nuevo que nuestra Venezuela vuelva a ser un país feliz. Lo he escrito y lo he dicho antes: Es más fácil de lo que parece. Crear una Red Democrática Nacional, con personas que deseen participar en actividades pacíficas y democráticas, como la organización de ejercer un derecho constitucional: la huelga. O así: PARO CÍVICO NACIONAL, con todas sus letras. 

Un paro que deje las calles de Venezuela desiertas. Un paro que organicemos con conciencia y paciencia, pero que sea una actividad tan bien organizada que por su contundencia logre la meta: La salida del actual presidente, un señor que nos ha llevado a una de las peores situaciones en la historia de este país.

Ahora bien, hablemos de la represión, que es lo que nos causa temor. Hablemos de la legalidad. Hablemos de la deslealtad de las Fuerzas Armadas (que supuestamente existen para proteger al pueblo); hablemos de los fulanos patriotas cooperantes. Primero que nada, no se trata de salir a la calle a buscar el peligro. La idea no es exponernos, ni darle un motivo a los enchufadotes rojos para que manden a matar al pueblo democrático (que es lo que ellos quieren: exterminarnos), sino, por el contrario, organizarnos para llamar a toda la sociedad a un paro general que se realice desde y en nuestros hogares: NADIE SALE, NADIE ENTRA. TODA VENEZUELA de brazos caídos. Toda Venezuela en su casa, sin salir a trabajar, o a caminar, o a hacer cola para comprar absolutamente nada (a menos de que sea de mucha emergencia, claro está). Para eso nos prepararíamos con suficiente anticipación.

Que es “peligroso” que yo escriba esto por acá? Puede ser, pero repito: No puedo quedarme paralizada. No soy ni fui jamás una mujer pasiva, de esas que esperan que se le paren las moscas. No puedo y no quiero vivir así. ALGO TENEMOS QUE HACER y no voy a esperar a que venga un héroe a hacer lo que podemos hacer nosotros mismos: Sacar a los delincuentes de las cúpulas del poder venezolano.

Nos están destrozando el país y vamos a seguir mirando, asustados y pasivos desde el rinconcito que nos quieran asignar? ¿Quién dijo que este territorio es propiedad de un grupo minoritario de personas malsanas? ¿Quién osa arrebatarnos los derechos más elementales? ¿Por qué los vamos a dejar si unidos somos mayoría?


ORGANIZARNOS y prepararnos para quedarnos en nuestros hogares los días que sean necesarios. Que las calles de toda Venezuela queden desiertas, y que ellos vean qué van a hacer con este pueblo dispuesto a todo, menos a salir a producir para que se sigan enriqueciendo, delincuentes de cuello rojo.

Prefiero ver las calles desiertas a seguir viéndolas manchadas de sangre, o repletas de gente haciendo colas y más colas con la esperanza de llevar comida a sus hijos, alguna medicina para un familiar enfermo, esperando un transporte público en crisis por falta de repuestos, o desesperado por no saber si van a venderle la fulana batería para su carro. Prefiero ver las calles de mi país desiertas, pero sabiendo que dentro de sus casas hay gente que se decidió a dar el todo por el todo con tal de no dejarse robar el país. 

El Plan:

Concluyo hoy diciendo que podemos hacer esto realidad siempre y cuando dediquemos un momento, sólo unos pocos minutos a hablar con nuestros paisanos, vecinos, familiares o amigos, para explicarles que es necesario organizarse, formando pequeñas redes de diez personas, y que cada una de esas diez personas debe conseguir a diez personas más. La idea es que se teja una red informativa, para que las actividades se puedan llevar a cabo de forma simultánea. En un momento determinado, toda esta red estará organizada a un mismo tiempo y con un mismo fin: Irnos a paro.

¿Quién puede con un pueblo unido? ¿Quién?

Si sientes deseos de hacer algo por Venezuela, difunde los artículos que leas en este blog De esta manera informaremos a la mayor cantidad de personas posibles, sobre lo que es y como funcionaría una RED DEMOCRÁTICA NACIONAL, mediante la cual podremos participar activamente, TODOS los ciudadanos demócratas, en un mismo momento y a una sola voz, en contra de la dictadura roja que nos agobia. Sólo difunde en las redes sociales a los que estás afiliado y permite que se sepa que la sociedad civil comienza a organizarse en pro de la libertad de Venezuela.

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